Hace más o menos dos años, cuando aun estudiaba en el Colegio; tuve que leer lo que considero actualmente una de las más grandes obras literarias del mundo, pues bien: me refiero a "El perfume de Patrick Suskind" que para mí, es de esos libros que amas apenas lo tienes en tus manos. y ¿por qué digo todo esto? realmente quiero compartir el trabajo que nos hicieron realizar para la clase de Lengua Castellana. Era un escrito basado en esta novela que se titulara:
YO FUI UN PERFUME.
Era algo más de pasada la medianoche y como era una de mis misteriosas y arraigadas costumbres me hallaba observando apaciblemente la luna llena que se remontaba maravillosamente sobre mi cabeza: lucía hermosa, adornada por miles de luceros los cuales hemos denominado estrellas en nuestro curioso y muy humano afán de ponerle nombre a cada cosa que nos rodea... En un determinado momento de mi casi mágica ensoñación sopló una gentil brisa que mi rostro cubierto en lágrimas agradeció, estaba helada y me había ayudado a volver a la realidad. Pero era más que eso: a mis deiciseis años, prefería un arsenal helado a la calidez de mi ciudad, pero esto me desviaba del tema, la hiel del viento había traído consigo un aroma tan reconocido por mi olfato quien algo asqueado supo reconocer que hasta el viento era traicionero y cruel; había traído a nosotros (mi olfato, mi subconsciente y a mi misma) la imagen inmortal del aroma de tu piel y sus delicados tonos cobrizos: un aroma ardiente, atrayente y apasionante... Tan pronto como vino este pensamiento mi mente trazó uno de sus muy comunes planes maníacos, un castigo propio: un castigo impuesto por mí a mi maltrecho corazón; mis ganas eran desesperadas, quería sentir la calidez de tu piel de nuevo, quería ser ese perfume que robaba el aliento a cada mujer que te rodeaba.
Sí, definitivamente la cordura desaparecía poco a poco de mi siempre ágil y frío cerebro; quizás estuviera relacionado con las noches en vela estudiando suavemente los pocos recuerdos que tenía a tu lado, momentos reciclados que me hacían divagar en mi mente y llenarme de esperanzas, esperanzas que quería que fueran ciertas: todo esto me producía migraña y agotamiento mental; pero tenía a mi favor que la adrenalina me mantenía activa y que realmente era una inyección de emoción (y de felicidad aunque no me place admitirlo) a mis monótonos días... así, de momento sentí el cuerpo cayendo repentinamente en caída libre y comencé a y sentirme más extraña que de costumbre, realmente estaba completamente adaptada al triste vacío en mi pecho; pero esto ya iba más allá de todo esto: me sentía como líquida, como si de un momento a otro mis partículas se hubieran dividido: así supe que mi cínica fantasía se había realizado, al menos era tan vívido que si era un sueño (o pesadilla) yo lo tomaría en lo más profundo de mí como real. Debía mirar a mi alrededor, recuento de daños: era una técnica que había aprendido con el paso de los años: a reconocer mi cuerpo, examinar si estaba dañado y hacer un análisis más a fondo del lugar en donde estaba: así supe que me hallaba en un frasco transparente; sobre mí podía decir que era de un tono grisáceo que rayaba a lo oscuro, lo cual parecía más que una extraña paradoja: coincidía de un modo u otro con el misterio de mi compleja personalidad, rara para muchos. Ahora y según mi olfato que permaneció intacto en ese momento, era esa esencia capaz de adicionar cualidades extra: ahí lo supe, era esa esencia que mi mundo dejara de girar, que te daba cierta ternura, que te brindaba un aura de amor, pasión y desenfreno (para mí era una caída efectiva al cien por cien); entonces bajo este orden de ideas, sólo era cuestión de tiempo para pasearme de tus manos a tu perfectamente imperfecta anatomía.
De mi alucinación (o lo que sea que fuese) la parte que más me agradó y cómo negarlo, me hizo sonreír; realmente fue como si me tomaras de la cintura de nuevo y me clavaras un beso apresurado con el efecto devastador que tenías en mí, fue en ese momento cuando me pasaste por las líneas perfectas de tu pecho, bajando a ese abdomen que tanto me gustaba; dejándome extasiada, de nuevo: dicho sea de paso. Así recordé como jugando dejaba marcas con mis dientes en tu hombro, en un afán de posesividad. Yo no lo ignoraba aunque tu sí, era perturbador el hecho de que fueras un flanco completamente difícil de pasar por alto: tu sonrisa tenía el toque perfecto de malicia, cierta pretensión, cierto arrebato cuando carcajeabas, todo eso encajada en una profunda naturalidad que me sorprendía.
A lo largo de una mañana silenciosa y decadente, tu vida realmente según mis cálculos(que acertaban de nuevo) no era fácil, pero aun así tenias cierto hechizo que impactaba a las personas que te rodeaban, quizá un efecto un poco hipnótico para el que no te conocía muy bien, aun así note algo curioso: no dabas golpe sin pensarlo, tu mente era una fría máquina que te obligaba a dejar a punto todos los engranajes y ahí radicaban todos tus problemas. Por una caótica razón que no explicaré ni bajo tortura: eso hacía que fueras un imán para mis ojos, que ignorando todo lo que eras física y mentalmente, te miraban con el amor que sólo puede sentir un niño pequeño, un amor puro. De todos los que se habían cruzado en mi vida y mi mundo, tu habías derrotado todas mis defensas, habías acabado conmigo: qué bonito, ya estaba aceptando que te quería.
No era idiota, al menos no mucho: sabía que en algún momento mi fantasía tendría que acabarse; mis partículas iban evaporándose en una mezcla dulzona que se hacía producto de tu sudor, así terminó mi alucinación o fantasía: realmente nunca supe que fue, pero yo había pasado un día completo analizándote a fondo, tatuada en tu cobriza piel y tu jamás lo sabrías.
Repito, todo lo anterior es producto de mi retorcida imaginación.
Excepto la imagen que la saque de algún buscador de por ahí.

No hay comentarios:
Publicar un comentario